Autor: Maru Munguía | CEO de tâas
El año pasado el SAT me envió 13 correos electrónicos, cada uno señalando algo distinto.
Diferencias en:
â. IVA
â. ISR
â. Ingresos
â. Distintos meses y ejercicios fiscales
Las atendí todas. No hubo una sola que me generara preocupación, excepto la última. Esa me hizo recordar un adeudo pendiente. No era grande, pero llevaba al menos dos años ahí. Lo interesante no fue el monto. Fue cómo el sistema llegó a él.
La autoridad nunca me pidió:
â. papeles de trabajo
â. estados de cuenta
No mandó revisar mi contabilidad. Solo pidió una aclaración. Porque el sistema simplemente siguió interpretando los datos, una y otra vez, desde distintos ángulos y en distintos meses, hasta que encontró el mes con la diferencia. Y entonces volvió a preguntar:
“¿Tenemos diferencias? Aclárame.”
En ese momento la respuesta fue inevitable. Había que reconocerlo y pagar, con multas, recargos y actualizaciones. Ese día confirmé algo importante: la autoridad ya no revisa personas ni papeles. Hoy interpreta datos. De eso se trata la fiscalización digital. Por eso muchas cartas invitación terminan igual. El contribuyente revisa… y descubre que el sistema tenía razón. Muchos creen que porque ya presentaron su declaración, ya cumplieron. Pero el sistema sigue interpretando los datos. Puede hacerlo durante cinco años, hasta que encuentra una diferencia o hasta que te obliga a verla. Por eso hoy la pregunta ya no es si ya declaraste. La pregunta es si ya entendiste lo que dicen tus datos.
Porque cuando el sistema se interpreta completo, puedes ver, entender y confirmar lo que realmente está diciendo tu operación.
tâas
Tecnología que interpreta el sistema operativo fiscal para que tú lo puedas entender.
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