Autor: Maru Munguía | CEO de tâas
Hay una idea que sigue circulando y es peligrosa:
“Mientras no me auditen, estoy bien.”
No es cierta.
Hoy las empresas no caen por una auditoría. Caen porque operaron durante meses o años con CFDI que no sostienen la historia que creen estar contando.
La auditoría solo es el momento en que eso se hace visible.
El verdadero origen del problema
Los errores fiscales más costosos no son escandalosos. Son silenciosos.
â. CFDI recibidos con inconsistencias mínimas
â. Datos “que siempre se han manejado así”
â. Proveedores que parecen normales
â. Operaciones que cuadran en Excel… pero no en lectura fiscal
Nada de eso se siente grave en el día a día. Hasta que deja de serlo.
El autogol fiscal
El SAT no “mete el gol”. El gol ocurre cuando:
â. Aceptas un CFDI mal timbrado
â. Lo usas para deducir o acreditar
â. Nunca lo validas
â. Y lo arrastras a tus declaraciones
Ese error no desaparece. Se acumula.
Y cuando llega el impacto, ya no estás discutiendo cifras: estás defendiendo decisiones pasadas con información incompleta.
¿Por qué Excel ya no alcanza?
Excel sirve para organizar. No para interpretar. El problema no es la falta de datos. Es la falta de lectura fiscal sobre esos datos. El SAT no ve tu Excel. Ve tus CFDI. Todos. Todo el tiempo. Si tu operación “se ve distinta” desde ahí, el riesgo ya existe. Lo que deberías estar viendo hoy, no todo, solo lo que importa:
â. CFDI con impacto directo en deducciones
â. IVA no acreditable o en duda
â. Operaciones con terceros que no sostienen materialidad
â. Señales que no son ilegales… pero sí frágiles
Eso es lo que define tu vulnerabilidad real.
La diferencia no es pagar o no pagar
La diferencia es saber qué estás sosteniendo.
Cuando ves antes:
â. decides antes
â. corriges a tiempo
â. eliges conscientemente qué riesgo asumir
Cuando no ves, no decides. Solo reaccionas.
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